El Solsticio de Invierno pronto llegará, encenderemos luces y el árbol sagrado brillará.
La Dama está cerca y ella nos protegerá, su don es virtud y en estás fechas su Luz dará comienzo a la nueva Vida. Nacerá su hijo, el Niño Sol que poco a poco crecerá en intensidad y ella será aún más hermosa.
Su corte de hadas la cuidan y la Luna acuna su retoño, el cielo de estrellas cuajado está y Ella las contempla por siempre jamás
En la puerta de mi hogar, un círculo colgué, su magia me protege y la Diosa también.
Azul como el espíritu libre, con un lazo de atar, para que venga la alegría y nunca pueda escapar.
DESCENDIENDO POR EL ANDUIN
Capítulo 2.1
La tarde declinaba con paciencia tiñendo de cálidos dorados las tranquilas aguas que mecían con suavidad el navío real.
Aragorn se encontraba en la proa oía atentamente a Frodo que con la ocasión de su visita, su querido tío Bilbo le había entregado varios pergaminos repletos de poesías, que deseaba con urgencia fueran entregadas a Aragorn para que éste los corrigiera y opinara sobre ellos.
Frodo y Valentina partieron de Hobbiton y pasaron por Bree, aquel lugar trajo malos recuerdos a la hobbit, pues fue allí sonde vivió su desdichado suceso y, que más tarde, la llevó a conocer a dos buenos amigos, el enano Grimgi y el encantador hobbit Hildi, pero eso fue una aventura que está escrita en el secretísimo diario de Valentina y que aquí no viene al caso.
Aragorn asentía divertido pues el viejo y entrañable Bilbo no dejaba de sorprenderle, su capacidad creativa no había mermado ni un ápice y las poesías eran lo suficientemente buenas para ser publicadas en un pequeño libreto; Aragorn pensó que Bilbo le haría mucha ilusión verlas editadas con unas cubiertas de cuero fino bien labrado y su nombre en letras doradas. Frodo contaba que tras dejar la aldea de Bree pasaron unos días muy agradables en Rivendel, allí fueron muy bien atendidos por los hermanos de Arwen que mandaron saludos y si no fuera por los achaques que padecía últimamente su tío, se habría presentado él mismo ante su amigo “Trancos”, para leerle sus escritos.
Frodo quedó un momento en silencio y suspiró de manera triste, sus ojos grandes y azules se perdieron en la lejanía.
-¿Qué ocurre amigo?,¿por qué callas? – le preguntó aragorn preocupado.
-No se, Aragorn – dijo el hobbit mirándolo – creo que Bilbo se encuentra demasiado mayor, quizás demasiado cansado de todo lo vivido…, esa fue la impresión que me dio.
-La vida es así Frodo, algún día llegará su hora y nos dejará.
En ese instante llegó Boromir y se sentó junto a Aragorn, observó el rostro de ambos, muy serios y tristes:
-Bueno compañeros, ¿qué caras son esas?, se supone que este viaje es para disfrutarlo, pero parecéis como si presagiarais un funeral.
Aragorn lo miró sorprendido, pero Boromir sonreía con sinceridad:
-Recordábamos a Bilbo, Frodo lo encontró muy desmejorado en Rivendel.
-Se debilita poco a poco y creo que pronto dejará Rivendel – Frodo parecía tan triste casi a punto de llorar. Boromir lo miró y, sin saber por qué, recordó a su padre, ya bastante viejo cuando lo dejó en aquellos días al partir en busca de Imladris, en una extraña visión que profetizaba acontecimientos.
Denethor, a ojos de su hijo parecía cansado, oscuro y malhumorado, las responsabilidades le eran una carga difícil de llevar y la inminente amenaza oscura de Mordor no le dejaba descansar.
¿Hasta que punto llegó a degradarse su padre?, se sintió conmovido y triste cuando se enteró de su muerte y como ésta tuvo lugar. La demencia que sufría no era normal en la gente de su raza, por lo que todos comprendieron que aquella locura había sido influenciada por Sauron, quizás la misma locura ciega que él sintió, aquella ansia por tomar el Anillo…
Aragorn rompió el silencio, tomó a sus amigos por el hombro y los miró con seriedad:
-Compañeros, despejemos nuestras mentes de siniestros pensamiento, seguro que las damas saben mejor que nosotros cómo disfrutar de éste plácido crucero.
Frodo se levantó de repente y dejó cuidadosamente los manuscritos de Bilbo a un lado:
-Le prometí a Valentina que no la dejaría demasiado tiempo sola… estará enfadada.
-Hace un momento – dijo Boromir señalando hacia los camarotes inferiores – se encontraba hablando junto a Arwen y Éolywyn, parecía bastante recuperada.
-¿A si…? – Frodo susurró extrañado, Valentina había estado mareada desde que pisó la cubierta del barco, las nauseas no la habían dejado disfrutar ni un solo momento, ningún remedio le venía bien, hasta que Aragorn le preparó, él mismo, una suave infusión a base de Athelas y al parecer habían surtido efecto.
Frodo volvió a sentarse y tomó las poesías ordenándolas, la noticia le había tranquilizado y sonreía de nuevo:
-En ese caso, volveré con la lectura, aunque pensándolo bien…, tengo la garganta algo seca.
-¡Eso tiene remedio! – exclamó Aragorn y haciendo un gesto hizo que algunos sirvientes dispusieran una mesita con algunas bandejas de comida, jarras para el vino y algunas botellas de una excelente cosecha.
Las tres damas sonreían divertidas, se hallaban en el amplio y luminoso camarote de Arwen, echadas cómodamente en la cama y rodeadas de mullidos cojines. Arwen u Éolywyn habían pasado la tarde hablando sobre las costumbres de las mujeres rohirrim, eran audaces y atrevidas, no parecían conocer el miedo y si hacia falta eran capaces de enfrentarse al peor de los enemigos, como demostró Éowyn luchando e hiriendo de muerte al propio Señor de los Nazgûl.
Éolywyn no se había quedado atrás, su aventura, que tuvo lugar en los días finales de
A Arwen aquella historia siempre la había intrigado, era una gran hazaña y ella, equivocadamente, había considerado a las mujeres de los pueblos no élficos, algo débiles, sumisas y falta de carácter.
Pero, ahí estaban Éolywyn y Valentina en cuyas vidas habían tenido lugar acontecimientos extraordinarios.
La hobbit se unió a las dos damas algo más tarde, había estado durmiendo un poco, recuperándose de los mareos y vómitos con la infusión de athelas que Aragorn le preparó. Parecía estar como nueva, se sentía muy bien y lo suficientemente fuerte para caminar por si sola.
Arwen se alegró mucho al verla entrar en su camarote, sonriente y con los rizos bien peinados, la hobbit subió hábilmente a la cama y se acomodó lo mejor que pudo.
-…, pero, mi padre sigue empeñado en la venta ambulante de miel – decía Valentina encogiéndose de hombros – ya no le hace falta ese tipo de cosas, soy la esposa de Frodo, el Bolsón mejor acomodado de Hobbiton y mi marido – decía muy orgullosa – puede comprar el mejor puesto del mercado para instalar una bonita tienda que venda productos de miel, eso sería la envidia de muchos, que durante años nos consideraron pobres…
-Tu padre no desea aprovecharse de la situación – dijo Éolywyn – su orgullo se lo impide.
-Mas bien diría yo su desprecio a los Bolsones, aún no ha superado que su amada hija Valentina esté casada con un Bolsón de Bolsón Cerrado, para él todo lo que Frodo sufrió no significa nada más que una “locura más de los Bolsón” – el enfado de Valentina era más que evidente.
Arwen se acercó a ella y le acarició los rizados cabellos, el gesto la tranquilizó sintiendo como una paz la invadía:
-Quizás Valentina, a lo que tu padre le cuesta superar es el hecho de que te casaste para formar tu propia familia, y no que tomaras por esposo a Frodo. Él no acepta que te separaste de su lado y que ya no eres una pequeña hobbit que necesitas protección – Arwen hablaba con conocimiento de causa, su padre nunca había deseado el compromiso entre ella y Aragorn y si hubiera podido, se la habría llevado con él a las Tierras Imperecederas, pero ella, para bien o para mal, había entregado su corazón y su esperanza a Aragorn, y sólo la muerte precipitada de éste la habría hecho partir de Tierra Media:
-Así actúan los padres, protegen y miman demasiado a sus hijas y no piensan que como personas individuales tenemos nuestra propia vida.
-Mi padre por el contrario no pensaba de esa forma – dijo Éolywyn – yo era su única hija de tres varones y me crió prácticamente, igual que a mis hermanos; nunca me retuvo en casa y solía llevarme con él a sus viajes, me enseñó todo lo que se debe saber sobre caballería y me regaló una espada hecha a mi medida…, nunca me obligó a tomar marido y si yo quería cabalgar sola, a él no parecía importarle. Claro, que esta forma de actuar trajo muchos quebraderos de cabeza y discusiones a mi madre, una mujer bastante rígida y costumbrista.
Arwen la miraba sonriente y con esa gracia élfica que la hacía inigualable:
-Parte de su espíritu anida en ti y te veía como a un igual, al no empujarte a tomar marido, te retuvo siempre a su lado.
Éolywyn se quedó pensativa durante un rato, nunca lo había visto de ese modo, pero Arwen tenía razón. El hijo predilecto de su padre era su hermano mayor, pero el gran tesoro de su casa era ella, así se lo había dicho en algunas ocasiones y siempre había mantenido ese tesoro a su lado.
Pero, no me dejaré deslumbrar por este color glorioso, no dejaré que me ciegue e impida ver las otras cosas hermosas que viven bajo la brillante luz de otros colores.
El caballo es mi animal tótem, cada uno siente una especial vinculación hacia un animal en concreto, la mía es hacia el caballo. Lo considero un animal especialmente hermoso, fuerte y libre; inteligente, sensible y sociable.
El caballo es un ser telúrico relacionado con el fuego y el agua, como fuerzas productoras de vida y al mismo tiempo amenazantes, en muchas regiones europeas y de Extremo Oriente, se le atribuyó la capacidad de hacer brotar fuentes de la tierra con ayuda de sus pezuñas.
Siempre ha estado relacionado con la luna y con el reino de los muertos como el propio conductor de las almas.
En la mitología griega la mezcla entre seres mitad caballo, mitad humano, simboliza los instintos animales incontrolados. El caballo blanco se convirtió en símbolo del sol y del cielo, cabalgadura de los dioses y la fuerza controlada por la razón o de la alegría y el triunfo.
Simbolo de la juventud, fuerza, sexualidad y virilidad.
En la mitología celta, existen varias diosas relacionadas con el caballo, Epona es una de ellas, considerada el “Caballo Divino” o “Gran Yegua”. Una diosa Madre y protectora de los caballos. La información más antigua sobre esta diosa proviene de Juvenal, según el cual su imagen suele representarse situada sobre los pesebres de los caballos.
En el pensamiento celta, el caballo tenía un papel fundamental, estaba prohibido comérselo o hacerle daño.
Epona era una diosa venerada sobre todo en el ámbito militar, apareciendo como una diosa a galope o montada a la amazona sobre una yegua, también dando de comer a un potro. La mayoría de las imágenes de esta diosa representan la fertilidad y la abundancia de la tierra a través del los símbolos del potro que se alimenta, cestas de fruta o maíz. Epona está relacionada con las aguas y la sanación. Esta diosa protegía a sus devotos durante toda la vida y en el Otro Mundo. Como patrona de los caballos, la caballería y el arte de la cría caballar, reflejaba los profundos misterios de la vida, la muerte y el renacimiento, solían acompañarla también un cuervo y un perro como conductores de las almas humanas al Otro Mundo.
Otras diosas relacionadas con los caballos en los mitos celtas son Rhiannon y Macha.

















